Viniste a nosotros
cual león a su presa
apuntándonos al rostro
con la mirada tiesa.
Resistirnos fue un desacierto
los nervios te dominaron
y con el arma en tus manos
nos quedamos sin aliento.
Al verte tan excitado
decidimos darte todo
y cuando te creíamos calmado
jalaste el gatillo
del que el seguro habías quitado.
El tiro fue preciso
directo al pecho de mi amado
que con el ultimo suspiro
dijo haberte perdonado.
Tú sin vacilar
apuntaste a mi cabeza
yo sin llorar te miré fijamente
y sentí tu disfrutar.
En pocos segundos
me invadió la impotencia
se me hizo pequeño el mundo
y en ese momento tomé conciencia
del valor que tiene la vida
y que poco uno la aprecia.
El hombre que era mi todo
en el piso muerto yacía
en tus manos estaba mi vida
y mi mundo se desvanecía.
De pronto corriste lejos mío
no sé qué te hizo huir
pero me dejaste vivir.
Nunca más supe de ti
jamás te atraparon
cosa normal en este país
me quitaste el hombre que amaba
y estás libre por ahí.
Confieso que deseé morir
pero fue antes de descubrir
el preciado tesoro que estaba por venir.
Agradecí haber vivido
cuando supe que en mi vientre
crecía nuestro hijo
alejándome de la muerte.
